Por el momento, todos nosotros del senior year tenemos que decidirnos. Y no es una decisión fácil tampoco- no es como decidirse entre un bonbón azul o uno rojo. No es como una de esas miles decisiones que hacemos cada día sin darnos cuenta. La decisión que está en todos nuestras mentes constantemente ahora es más importante, más significante, y cambiará nuestras vidas completamente.
Adónde ir, qué estudiar, cuál universidad escoger? Hay tantas posibilidades. Puede que seré alegre en la Universidad de Nottingham, pero también puede ser que hubiera tenido una invaluable oportunidad si me hubiera decidido a irme a Cambridge. Mi abuela me estaba diciendo el otro día que tengo mucha suerte- de poder eligir entre tantas cosas qué hacer. Dijo que en en su juventud, no era posible, no pudieron hacer las mujeres todo lo que querían, y si lo hubiera pudido, no hubiera sido posible a causa del dinero. “Ahora, tú tienes la oportunidad de hacer lo que tu verdaderamente quieres, Sofía”, ella me dijo. Y es verdad. Si quería estudiar matemáticas, pudiéra! Si me gustaría estudiar literatura, nadie y nada me lo impide. Entiendo que eso significa una libertad enorme, inconcebible. Pero me da miedo. Cada vez que pienso en mi futuro, las posibilidades, las probabilidades, las decisiones, todo, todo tiene un tamaño enorme y hasta me parecen más grande que yo misma y me da miedo. Quisiera que todas excepto una o dos de mis universidades me dirían: No tenemos sitio para tí. Sería tan fácil, tan agradable decidirme, a decir: Me voy aquí y nunca me preguntaré que pudiera haber sido si hubiera ido allá… o allá. O allá. O allá. La lista continua, hay tantas opciones. Decisiones duelen. En el lenguaje alemán tenemos un dicho: Die Qual der Wahl. El dicho rima. Significa “El tormento de la decisión”. Así me siento yo. Esta semana, enviaré mis aplicaciones y tendré algunas preciosas semanas sin el tormento hasta el día cuando debo hacer la decisión final.